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¡DEJA IR LAS MONEDAS!

Mi tía Culi siempre me llevaba para todos lados, era su niña mimada, cuando tenía 7 años en una de esas maravillosas salidas, yo llevaba una carterita llena de monedas. Mi mamá siempre me regalaba billetes, pero a mí me gustaba guardar sólo “medios”,  una moneda que ya no existe en Venezuela, equivalente a (0.25), cuyo valor eran 25 céntimos: Equivalía a un cuarto de bolívar, no valía nada. A esa edad para mi contaba era la cantidad, mientras más medios tenia más feliz era, yo juraba que tenía muchísima plata ahorrada, siempre salía con mis medios que jamás gastaba, era solo la sensación de tener mi cartera llena de “medios”.

Ese día mi tía estacionó el carro,  teníamos que cruzar la calle para ir al cine, había  un tráfico infernal y la típica locura de Caracas;  al cruzar rápido se me cayó mi monedero “Hello kitty”, los medios saltaron por toda la calle, le solté la mano a mi tía, y desesperada me devolví a recoger las monedas desparramadas; de pronto frenó un autobús, mi tía gritó, recuerdo perfectamente que yo estaba en cuclillas, levanté la cabeza y tenía el parachoques del autobús casi en mi frente, el chofer insultó a mi tía, la gente espantada mirando, y yo llorando con los cuatro medios que pude rescatar.

Al pasar el susto, mi tía que siempre ha sido tan buena, me regañaba dulcemente reclamándome que cómo era posible que yo arriesgara mi vida por unas monedas; que el dinero se recupera, pero la vida no.

Nunca he olvidado ese día, cuando siento que estoy “aprehensiva”, casi obsesiva  con una idea fija,  aferrada a algo, o a una situación, me aplico la historia de los medios que perdí. Me viene a la mente el recuerdo de lo que yo creía que era valor, y de lo que pude haber desperdiciado,  en el momento justo, ¡DEJO IR LAS MONEDAS!

LA MUERTA

Hace muchos años cuando estaba apenas comenzando mi carrera, inicié como actriz, estaba deseosa de trabajar en Tv, hice varias pruebas, pero recuerdo una en particular, fue para una novela protagonizada por Alba Roversi, y Arturo Peniche; era en la empresa Marte Tv, estaba en una fila enorme, tenía el número 89, llevaba dos horas esperando, de repente me llama uno de los productores y me dice que hay una oportunidad para un personaje, yo me emocioné,  le dije,  “pero yo no he entrado a mi prueba” me dijo, “ni te preocupes, tu das el perfil, ya te elegimos”, tienes que quedarte desde ya porque grabamos esta tarde, llamé a mi familia para contarles la suerte que tenía.

Me dieron un libreto pero en mis parlamentos solo decía LA MUERTA, le pregunté al productor y me dijo que esa era solo una de las escenas, me esperaban en maquillaje, pasé una hora sin verme al espejo, cuando me voltean y me llaman a grabar ¡OMG! tenía la cara llena de sangre y  con un tiro en la sien, pasaron horas hasta llegar a la locación a grabar, estaban las reconocidas actrices venezolanas, Nohely Arteaga y Elba Escobar, amables y cordiales ensayaban conmigo una pelea, la escena la cortaban una y otra vez zumbándome por un barranco. Pasaron 4 horas y me dicen, “quedó chévere”, ahora vamos a tu escena más importante en la morgue de Bello Monte, (el lugar más espantoso que puede existir en Venezuela).

Ya yo en pánico, adolorida y cansada, no estaba tan animada, me ponen una bata con olor a formol, una etiqueta en el dedo pulgar del pie y me dicen que tratara de NO RESPIRAR mientras se grababa la escena. ¡Corten! y viene un simulacro de meterme en una especie de camilla adentro de la pared donde colocan los muertos, yo soy medio claustrofóbica, pero pensé, tengo que hacerlo perfecto, no respiré, en mi inocencia creía que sería una buena oportunidad, estoy segura que compartí el cuarto con muertos de verdad, pero cumplí el “personaje” que me asignaron, LA MUERTA.

Salí y con mucha seguridad le dije al director ¿A qué hora me toca grabar mañana? Se rieron a carcajadas, y me dijeron que LA MUERTA no resucitaría.

Gracias a mi primera vez como “actriz” decidí tomarme en serio esa carrera, comencé a estudiar con los mejores maestros, aprendí mucho sobre el medio artístico, casi 20 años después, protagonicé en Miami, Los Monólogos De La Vagina con mi querida Alba Roversi, cuando la vi, me acordé de LA MUERTA, me dije,” Nunca es tarde, cuando la  dicha es buena”

!NO MÁS EXPECTATIVAS!

“No Tengas Expectativas Soraya”

En muchas ocasiones he escuchado a conferencistas dar charlas sobre lo que uno espera que ocurra con las metas que te propones. Hacen énfasis en la palabra EXPECTATIVA, sinónimo de posibilidad de que algo ocurra. Mi querida amiga Gisela Fabelo, también coach del Curso De Milagros, siempre me decía “No Tengas Expectativas Soraya”. Años después en mi vida como inmigrante, aprendí a  comprender que las expectativas hay que desecharlas de nuestros proyectos profesionales, o de vida.

Cuando hacemos algo, esperando que la acción concluya con un suceso importante, perdemos energía pensando en las posibilidades. Como cada meta tiene su tiempo, perdemos enfoque analizando o creando esperanzas en ocasiones fuera de realidad. Por tener altas o bajas expectativas sobre algo, cuando iniciamos un proyecto que pensamos va a ser lo mejor de tu vida, te creas el entorno, lo sueñas, visualizas lo que vendrá y te distraes del presente, es terrible basarnos en expectativas que nos decepcionen porque no eran lo que idealizamos.

En mi nueva forma de vida, aprendí que las expectativas no son recomendables, me producen incertidumbre, pienso que debemos enfocarnos en los que queremos sin esperar que sea o no un suceso extraordinario, solo debemos buscar el equilibrio, la excelencia, al final sin expectativas vamos a valorar más lo que hayamos logrado sin decepción.En muchas ocasiones he escuchado a conferencistas dar charlas sobre lo que uno espera que ocurra con las metas que te propones. Hacen énfasis en la palabra EXPECTATIVA, sinónimo de posibilidad de que algo ocurra. Mi querida amiga Gisela Fabelo, también coach del Curso De Milagros, siempre me decía “No Tengas Expectativas Soraya”. Años después en mi vida como inmigrante, aprendí a  comprender que las expectativas hay que desecharlas de nuestros proyectos profesionales, o de vida.

Cuando hacemos algo, esperando que la acción concluya con un suceso importante, perdemos energía pensando en las posibilidades. Como cada meta tiene su tiempo, perdemos enfoque analizando o creando esperanzas en ocasiones fuera de realidad. Por tener altas o bajas expectativas sobre algo, cuando iniciamos un proyecto que pensamos va a ser lo mejor de tu vida, te creas el entorno, lo sueñas, visualizas lo que vendrá y te distraes del presente, es terrible basarnos en expectativas que nos decepcionen porque no eran lo que idealizamos.

En mi nueva forma de vida, aprendí que las expectativas no son recomendables, me producen incertidumbre, pienso que debemos enfocarnos en los que queremos sin esperar que sea o no un suceso extraordinario, solo debemos buscar el equilibrio, la excelencia, al final sin expectativas vamos a valorar más lo que hayamos logrado sin decepción.

MIS ZAPATOS, ¡LLÉVATELOS ¡


Los seres humanos somos muy complejos, lo que hace feliz a unos, podría ser la tristeza de otros, ¿Cuántas veces ha pensado que su vida no es lo que soñó, o que la suerte no tocó su puerta? He escuchado a gente maldecir porque los demás tienen una “vida mejor”, siempre están mirando lo que les falta sin apreciar lo que les sobra, que no siempre son cosas materiales. La vida está repleta de momentos maravillosos, que sólo se reconocen cuando aprendemos a vivir nuestra propia vida, moldeándola en el presente, usando los errores del pasado y visualizando  un mejor futuro,  que no es más que las consecuencias de nuestros actos, de la forma como vemos la vida, y la actitud que tenemos día a día.

 Siempre he pensado que la envidia es un boomerang energético, el que envidia se lleva lo bueno, pero también lo malo.

Les publico este video ¡IMPERDIBLE! acerca del deseo de un niño pobre por llevar la vida de un niño rico.

 Haga click en el módulo de video, usted lo vio publicado previamente en Columna Estilos Edición #361

¡EL EGO MANTRA!

Apoyo la autovaloración, pero hay gente que se pasa reforzándose, he escuchado a personas negarse a una crítica constructiva porque su ego es muy intenso y no aceptan errores. Todos somos egocéntricos, unos más, otros menos, no estoy de acuerdo con la moda “espiritual” de afirmar que “combatiste el ego”, por Dios eso es mentira, el ego no se va, se queda en tu vida para recordarte de qué careces cuando te pega. He escuchado infinitas veces, “yo no tengo ego” ¡PLIM! esos son los peores, los más egocéntricos, los ESTILO ‘motolita”, que predican humildad, ser buena onda, y de pronto se les sale la CLASE DE EGO que se los devora.

Recuerdo mis primeras columnas en Miami, me escribió una conocida por estos lares para decirme que le gustaba mi columna pero que no soportaba mi ego, que odiaba que yo dijera “La Columna De Variedades y Entretenimiento #1 En Español”, en este momento debe estar leyendo esto, (*guardé su e-mail), me dijo de todo, me di cuenta que lo que ella me reprochaba de mi ego, era la herramienta publicitaria que yo elegí, me dije ¡WOW! si esta mujer está tan afectada por mi ego, ¡BINGO! Mi columna pegó, entonces mi trabajo egocéntrico-publicitario funcionó, con una gran diferencia yo NO ME CREO nada de lo que me dicen, ni bueno, ni malo, cuanto más me halagan más me reviso, cuanto más me critican, más me analizo.

Cuando era adolescente hice cursos de control de ego en el Círculo Militar De Venezuela con la psicóloga y querida amiga Soledad Santodomingo. Sentía que lo necesitaba para disminuir mi seguridad, me angustiaba mucho porque era muy segura de mi misma, tan insólita que hasta fui capaz, motivada por la agencia de Martha Mijares, de ir al casting del Miss Venezuela a los 18 años, cuando yo vi esas mujeres tan altas, espectaculares, bellísimas, algunas operadas hasta las orejas, salí corriendo a la agencia y le dije -que loca soy, no califico- mejor mándame para el Miss Bikini, le pregunté a mi mamá si creía que yo estaba mal, “No hija, tu eres así” pasó una semana riéndose.

Realicé todos los cursos posibles entrenándome para ser conferencista, recorrí y aprendí, manejo el ego a conveniencia, con la gran diferencia que lo asumo, sé de qué carezco, cuáles son mis debilidades, mis habilidades, se cuándo me excedo y literalmente siento el momento desgarrador cuando “meto la pata”. Pero NO ME CREO ni mejor, ni más, ni menos, ni sencilla, ni humilde, ni buena, ni mala, NO ME CREO NADA, para mí el EGO ES UN MANTRA que me libera de ser la persona que no quiero.