¡EL EGO MANTRA!

Apoyo la autovaloración, pero hay gente que se pasa reforzándose, he escuchado a personas negarse a una crítica constructiva porque su ego es muy intenso y no aceptan errores. Todos somos egocéntricos, unos más, otros menos, no estoy de acuerdo con la moda “espiritual” de afirmar que “combatiste el ego”, por Dios eso es mentira, el ego no se va, se queda en tu vida para recordarte de qué careces cuando te pega. He escuchado infinitas veces, “yo no tengo ego” ¡PLIM! esos son los peores, los más egocéntricos, los ESTILO ‘motolita”, que predican humildad, ser buena onda, y de pronto se les sale la CLASE DE EGO que se los devora.

Recuerdo mis primeras columnas en Miami, me escribió una conocida por estos lares para decirme que le gustaba mi columna pero que no soportaba mi ego, que odiaba que yo dijera “La Columna De Variedades y Entretenimiento #1 En Español”, en este momento debe estar leyendo esto, (*guardé su e-mail), me dijo de todo, me di cuenta que lo que ella me reprochaba de mi ego, era la herramienta publicitaria que yo elegí, me dije ¡WOW! si esta mujer está tan afectada por mi ego, ¡BINGO! Mi columna pegó, entonces mi trabajo egocéntrico-publicitario funcionó, con una gran diferencia yo NO ME CREO nada de lo que me dicen, ni bueno, ni malo, cuanto más me halagan más me reviso, cuanto más me critican, más me analizo.

Cuando era adolescente hice cursos de control de ego en el Círculo Militar De Venezuela con la psicóloga y querida amiga Soledad Santodomingo. Sentía que lo necesitaba para disminuir mi seguridad, me angustiaba mucho porque era muy segura de mi misma, tan insólita que hasta fui capaz, motivada por la agencia de Martha Mijares, de ir al casting del Miss Venezuela a los 18 años, cuando yo vi esas mujeres tan altas, espectaculares, bellísimas, algunas operadas hasta las orejas, salí corriendo a la agencia y le dije -que loca soy, no califico- mejor mándame para el Miss Bikini, le pregunté a mi mamá si creía que yo estaba mal, “No hija, tu eres así” pasó una semana riéndose.

Realicé todos los cursos posibles entrenándome para ser conferencista, recorrí y aprendí, manejo el ego a conveniencia, con la gran diferencia que lo asumo, sé de qué carezco, cuáles son mis debilidades, mis habilidades, se cuándo me excedo y literalmente siento el momento desgarrador cuando “meto la pata”. Pero NO ME CREO ni mejor, ni más, ni menos, ni sencilla, ni humilde, ni buena, ni mala, NO ME CREO NADA, para mí el EGO ES UN MANTRA que me libera de ser la persona que no quiero.

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